Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 23.
"¿estará escrito en el destino del hombre que solo pueda ser feliz antes de tener razón o después de haberla perdido?"
"Es repugnante, habría que tirarla contra un escalón y meterle el pie en la cara, aplastarla como a una vinchuca, reventarla como un piano que se cae del décimo piso. La verdadera caridad sería sacarla del medio, impedirle que siga sufriendo como un perro metida en sus ilusiones que ni siquiera cree..."
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